domingo, 16 de marzo de 2014

TOC

El siguiente cuento surgió de una convocatoria de la librería El Péndulo, como parte de estrategia publicitaría para el libro "El patrón" de Goffredo Parise, la dinámica consiste en utilizar un fragmento del libro, que es el primer párrafo del cuento y 2,000 caracteres, este cuento tiene 7,409 caracteres sin espacios, lo que quiere decir que lo tuve que reducir, siendo esa una tarea de lo más nefasta, es como que alguien te pida una cena en cuatro tiempos y reducirla a un crouton, un fideo, un pedacito de lechuga y un dedal de vino... ptssss.... Ñiam, fue divertido, estoy pensando en alterar el párrafo "prestado", y extender la historia, dunno... Por lo pronto se lo llevaré a mi editora para su corrección final, como sea lo posteo aquí para su lectura, como siempre, agradezco sus comentarios, sugerencias y miradas seductoras ¿? ... Eso no tiene sentido o si?

Whatever...

P.D. No se a que se debe que el cuento se publica en un lindo y poco práctico para su lectura fondo blanco, soy un blogger inexperto, a pesar de tener años con esta cosa, busquen alternativas como copiarlo a Word, vamos chicos, los invito a llevar su imaginación al mátzimo, porqué la mía esta hecha un asco por intentar quitarle el fondo blanco...
P.D. 2. Estas fueron unas Pre-Datas y no Post-Datas...




TOC

El doctor Max ha dicho que me quería cerca y ha mantenido su palabra. De hecho, mi despacho está enfrente del suyo, separado sólo por el pasillo. Es una habitación minúscula, que antes era el aseo privado del doctor Max; han quitado la taza del retrete y el lavabo, y ahora estoy yo, con una silla, una mesa, un cenicero y un perchero junto a la ventana.

¡Mi primer día! Podía respirar una atmosfera a orina y expectativa, aclarando que sólo la expectativa emanaba de mí, estaba nervioso, pero no tanto, tenía las manos y axilas sudorosas, por suerte cargaba conmigo tres cambios de ropa en el carro, me conocía perfectamente y desde aquella entrevista de trabajo en la que cayó una gota de sudor de mi frente a la taza de café de mi entrevistador, viajo prevenido, mi esposa se asegura que en la cajuela de mi auto siempre se encuentre mi confiable: KIASMAMA: “Kit de hIgiene Antiestrés y Sudoración Mi Amada Me Ama”, Yo no lo nombré, lo juro, pero en fin, el KIASMAMA contiene tres playeras blancas de algodón, tres camisas azules, tres pantalones, cuatro trusas (siempre que le pregunto porque me pone cuatro, sólo sonríe), dos toallitas blancas, un rollo de papel de baño, un paquete de toallitas húmedas y un bote de gel antibacterial, nada más.

Me senté, puse mi maletín sobre mi regazo, lo abrí y empecé a transformar esa oficina, en MI oficina, dividí la mesa en seis cuadrantes: el superior izquierdo y derecho tendrían que estar vacíos e inmaculados a todo momento, el central estaba asignado a cualquier visitante que recibiera; por lo que puse un discreto portavasos negro, no soporto los aros que dejan las bebidas; en el cuadrante inferior derecho puse una libreta forrada con piel, el cenicero habría de estar colocado aquí mismo, el cuadrante inferior izquierdo, a su vez cuadriculado, sería residencia de cuatro marcatextos: verde, naranja, amarillo y rosa, dos lapiceros: negro y rojo, un portarretrato con la imagen de mi esposa Cynthya con “th” y dos “y”(abro un paréntesis para aclarar que así no se llama pero es como se presenta ante el mundo, tiene una fijación con que la gente sepa cómo escribir su nombre, ir al Starbucks es un infierno, se cierra paréntesis) y una muñequita hawaiiana de esas que se tambalean bailando hula, es horrible, pero a Cynthya con “th” y dos “y” le gusta, el ultimo cuadrante: el inferior central, estaría ocupado por las palmas de mis manos y por la incesante gota que caía de mi frente.

Se lo que están pensando, pero no, no soy obsesivo compulsivo, únicamente extra ordenado, super detallista y ultra disciplinado o al menos es como Cynthya con “th” y dos “y” me describe con gente nueva.

Una vez con mi despacho en orden, asomé la cabeza con precaución, volteé  para ambos lados, como quien se dispone a cruzar la calle, soltando una risita de colegiala japonesa, la cual hizo eco por el pasillo, seis puertas se abrieron y me callaron, me hubiera dado mucha vergüenza, pero el nerviosismo se había ido, ahora me encontraba muy emocionado y feliz, aquel hermoso pasillo, similar al del hotel en “El resplandor”, con un hermoso patrón pentagonal, era inmensamente simétrico y eso me hacía a mi inmensamente feliz.

Como había mencionado, enfrente estaba la oficina del doctor Max, en 20 minutos tenía una reunión con él, así me lo había hecho saber Isobel, la hermosa y sexy (esto queda entre nosotros, Cynthya con “th” y dos  “y” no tiene por qué enterarse) secretaria del doctor Max, la oficina de Isobel era una de las contiguas a mi jefe, la mujer caminaba con paso firme por todo el pasillo cargando una laptop como si fuera un folder; era una visión, su rubio cabello recogido con un par de palitos rojos, sus lentes de marco grueso, su piel de alabastro, su impecable falda negra, que era corta, pero no muy corta, su impecable blusa blanca, que era transparente pero no muy transparente y sus labios rojos, que eran rojos pero si muy seductores…

La otra oficina al lado del jefe albergaba a Crisóforo Godínez, un hombre de 75 años, empleado modelo y sueño de jubilación para el departamento de recursos humanos. Al ser mi primer día llegué muy temprano, topándome con el señor Godínez, quien vestía un traje de tweed gris rata con una corbata de moño roja, el hombre me observó con gravedad y de la misma forma, recitó:

- Usted señor, pensé, es un ejemplo de pulcritud, lo sé por el lustre de su calzado y la angulación del partido en su cabello, pero le daré un consejo: Llegar tan temprano es muestra de una desesperación angustiosa, le resta carácter mi buen señor.

Dio media vuelta y camino rumbo a la recepción.

- Es que no le gusta que nadie llegue antes que él – dijo Francia Milagrosa, la mujer que ocupaba la puerta frente al señor Godínez y aquella a la izquierda de mi oficina – No, no, no – terminó por decir Francia Milagrosa, quien cerraba todas sus oraciones de esa forma, además de un ademan en el que movía su mano derecha como si le estuviera dando una palmadita en la cabeza a un niño invisible. La señora Milagrosa, tomaba una infusión de pasiflora en una tacita de porcelana rosa pastel, que hacia juego con su vestido rosa, similar al que usó Jackie Kennedy cuando asesinaron a su marido.

- ¿Qué feo fue eso verdad hijo? No, no, no – preguntó preocupada.

- ¿Lo de Kennedy?

- ¿Qué? No, no, no, lo del señor Godínez, pero no lo tomes a mal cielo, es un viejo gruñón, pero no es mal intencionado y no se mete en la vida de los demás, y eso una siempre lo agradece, que no estén inmiscuyéndose en lo que no les importa, ya el señor Godínez está solo, su esposa murió la primavera pasada, enfisema dicen, es que el señor Godínez fuma mucho, mira mira, sale humo de su puerta – dijo Francia Milagrosa mientras señalaba la oficina de Crisóforo Godínez - ¿Tú fumas cielo? que hábito tan feo, no, no, no.

Francia Milagrosa se me quedó viendo con sus inmensos ojos azules, estaba a punto de responder cuando un joven en un traje de terciopelo rojo y guantes negros de piel interrumpió:

- Madre lo estás haciendo otra vez.

- ¿Qué cariño? No, no, no, siempre queriendo contrariar a tu joven madre, no, no, no.

- Tendrá que disculparla, Madre no es mal intencionada…

- ¿Y eso uno siempre lo agradece? – Interrumpí al hombre de rojo, compartimos una risa mientras Francia Milagrosa entró a su despacho al sentirse ignorada.

- Si bueno, algo tenía que heredarle, porque la porcelana china se la va a llevar a la tumba. Perdón, no me he presentado – el joven se quitó el guante de la mano derecha y anunció – Europa Milagrosa.

- Mucho gusto señor Milagrosa – respondí con un intento abismal por contener mi risa.

- Madre dijo que se iba a suicidar si proseguía con mi plan de cambiarme el nombre, así que ya me acostumbré, pero por favor llámeme Europa únicamente.

No pude decir mi nombre cuando Europa me interrumpió por la tardanza de la hora y lo acumulado de su trabajo, entró a su oficina, la cual resultó ser la que estaba al lado derecho de la mía y frente a la de Isobel, la secretaria de labios rojos, Europa tiene el hábito de interrumpir a las personas, pero es un buen muchacho, me escribió Francia Milagrosa en una hojita rosa pastel que arrojó bajo mi puerta, no, no, no, terminé pensando.

Aquel grupo de compañeros de trabajo era peculiar, sin embargo, apreciaba sus personalidades honestas y su pulcro vestir. El reloj anunció la hora de mi cita con el doctor Max, necesitaba ver como lucía, pero no tenía un espejo y era tarde para ir al baño, me tomé una foto con mi celular y afirmé con decisión: impecable.

Dos veces toque a la oficina del doctor, una indica inseguridad y tres, insistencia. Fue Isobel quien abrió.

- Pasé – susurró con reprimida sensualidad.

Aquel lugar era más hermoso de lo que hubiera pensado, no podía ver el color de las paredes, porque estaba tapizado de libros, todos ordenados alfabéticamente, había dos arbolitos que custodiaban el escritorio del doctor Max y detrás un ventanal por el que se podía ver el resto de edificios adyacentes, los cuales tenían el mismo número de pisos que el cual en el que nos situamos, generando una armonía que encontraba confortante.

El doctor Max se levantó, estiró su mano y me dio un apretón, en el que interpreté sus capacidades de liderazgo, no era muy suave, ni muy fuerte, ni muy corto, ni prolongado, simplemente preciso; su vestir tenía esa misma línea de precisión, no había una sola arruga en su traje azul marino, nada más que un corte que ofrecía a un hombre de presencia y autoridad.

El doctor abrió su boca para que pudiera escuchar las primeras palabras dirigidas a mi persona:

- Buenos días – expresó con una voz más que adecuada, ni muy jovial, ni apesadumbrada, era señorial, exquisita, digna. Y su sonrisa, aperlada, alineada y asombrosa, con una mancha, una mancha…

Una mancha roja, muy roja, un rojo que sólo puedo describir como seductor, como el lápiz labial de Isobel, una mancha de lápiz labial en la perfecta sonrisa del doctor Max, el cual junto con Isobel, esperaban a que respondiera a su saludo, lo cual hice a la brevedad:

- Renuncio.
 
FINE.

 

2 comentarios:

  1. Muy bueno mi estimado, extra ordenado, super detallista y ultra disciplinado amigo ^^

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  2. Gracias Betou! Me halagan tus acertados adjetivos, debe ser porque Yo los escribí! Oh soy tlemendo...

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