Tus labios me atrapan como decisión de febrero
Y supongo que entre tus garras se han perdido miles de guerras que nadie debió pelear.
¡Silencio Blanca Nieves!
Estoy hablando.
Que tu boca rebuscada no es rival
para mi pluma intransigente.
Cazador da lo mejor de ti
Que Yo prometo no quedarme atrás.
Me da miedo averiguar si es
Tu soberanía sobre el tiempo
O tu cruel pensar,
El que me trae vuelto loco,
Loco que vulgariza el verso,
Loco que ensombrece la luz,
Loco ruidoso,
Loco loco.
¡Dije que te callaras!
De mí no obtendrás un ritmo emancipador,
Ni un compañero pecador,
Ni un amoroso obsesionado,
Ni el resplandor de la madrugada.
No eres el coloso de rodas,
Ni Yo la gran muralla.
Pero de cerca eres imponente
Y absorto pienso en tu repentina caída.
Lee con atención hijo de Cronos:
Que no es cobardía esconderse detrás de versos,
Sólo no escuchar la respuesta inminente.
Yo no busco quien gobierne mi mundo,
Ni remodele mi casa,
Ni se siente junto a mí a ver las hojas caer
Y la vida pasar.
Pero te busco,
¿Por qué?.
Helo aquí:
Poema de primavera.
Ni un insulto,
Ni un halago,
Sino todo lo contrario.
Aqui toda mi sabiduria. Aqui todo mi ser. Aqui y ahora. uuhhh!!!
jueves, 20 de marzo de 2014
domingo, 16 de marzo de 2014
TOC
El siguiente cuento surgió de una convocatoria de la librería El Péndulo, como parte de estrategia publicitaría para el libro "El patrón" de Goffredo Parise, la dinámica consiste en utilizar un fragmento del libro, que es el primer párrafo del cuento y 2,000 caracteres, este cuento tiene 7,409 caracteres sin espacios, lo que quiere decir que lo tuve que reducir, siendo esa una tarea de lo más nefasta, es como que alguien te pida una cena en cuatro tiempos y reducirla a un crouton, un fideo, un pedacito de lechuga y un dedal de vino... ptssss.... Ñiam, fue divertido, estoy pensando en alterar el párrafo "prestado", y extender la historia, dunno... Por lo pronto se lo llevaré a mi editora para su corrección final, como sea lo posteo aquí para su lectura, como siempre, agradezco sus comentarios, sugerencias y miradas seductoras ¿? ... Eso no tiene sentido o si?
Whatever...
P.D. No se a que se debe que el cuento se publica en un lindo y poco práctico para su lectura fondo blanco, soy un blogger inexperto, a pesar de tener años con esta cosa, busquen alternativas como copiarlo a Word, vamos chicos, los invito a llevar su imaginación al mátzimo, porqué la mía esta hecha un asco por intentar quitarle el fondo blanco...
P.D. 2. Estas fueron unas Pre-Datas y no Post-Datas...
Whatever...
P.D. No se a que se debe que el cuento se publica en un lindo y poco práctico para su lectura fondo blanco, soy un blogger inexperto, a pesar de tener años con esta cosa, busquen alternativas como copiarlo a Word, vamos chicos, los invito a llevar su imaginación al mátzimo, porqué la mía esta hecha un asco por intentar quitarle el fondo blanco...
P.D. 2. Estas fueron unas Pre-Datas y no Post-Datas...
TOC
El doctor Max ha dicho
que me quería cerca y ha mantenido su palabra. De hecho, mi despacho está
enfrente del suyo, separado sólo por el pasillo. Es una habitación minúscula,
que antes era el aseo privado del doctor Max; han quitado la taza del retrete y
el lavabo, y ahora estoy yo, con una silla, una mesa, un cenicero y un perchero
junto a la ventana.
¡Mi primer día! Podía
respirar una atmosfera a orina y expectativa, aclarando que sólo la expectativa
emanaba de mí, estaba nervioso, pero no tanto, tenía las manos y axilas
sudorosas, por suerte cargaba conmigo tres cambios de ropa en el carro, me
conocía perfectamente y desde aquella entrevista de trabajo en la que cayó una
gota de sudor de mi frente a la taza de café de mi entrevistador, viajo prevenido,
mi esposa se asegura que en la cajuela de mi auto siempre se encuentre mi
confiable: KIASMAMA: “Kit de hIgiene Antiestrés y Sudoración Mi Amada Me Ama”,
Yo no lo nombré, lo juro, pero en fin, el KIASMAMA contiene tres playeras
blancas de algodón, tres camisas azules, tres pantalones, cuatro trusas
(siempre que le pregunto porque me pone cuatro, sólo sonríe), dos toallitas
blancas, un rollo de papel de baño, un paquete de toallitas húmedas y un bote
de gel antibacterial, nada más.
Me senté, puse mi maletín
sobre mi regazo, lo abrí y empecé a transformar esa oficina, en MI oficina,
dividí la mesa en seis cuadrantes: el superior izquierdo y derecho tendrían que
estar vacíos e inmaculados a todo momento, el central estaba asignado a cualquier
visitante que recibiera; por lo que puse un discreto portavasos negro, no
soporto los aros que dejan las bebidas; en el cuadrante inferior derecho puse
una libreta forrada con piel, el cenicero habría de estar colocado aquí mismo,
el cuadrante inferior izquierdo, a su vez cuadriculado, sería residencia de
cuatro marcatextos: verde, naranja, amarillo y rosa, dos lapiceros: negro y
rojo, un portarretrato con la imagen de mi esposa Cynthya con “th” y dos
“y”(abro un paréntesis para aclarar que así no se llama pero es como se
presenta ante el mundo, tiene una fijación con que la gente sepa cómo escribir
su nombre, ir al Starbucks es un infierno, se cierra paréntesis) y una
muñequita hawaiiana de esas que se tambalean bailando hula, es horrible, pero a
Cynthya con “th” y dos “y” le gusta, el ultimo cuadrante: el inferior central,
estaría ocupado por las palmas de mis manos y por la incesante gota que caía de
mi frente.
Se lo que están
pensando, pero no, no soy obsesivo compulsivo, únicamente extra ordenado, super
detallista y ultra disciplinado o al menos es como Cynthya con “th” y dos “y”
me describe con gente nueva.
Una vez con mi
despacho en orden, asomé la cabeza con precaución, volteé para ambos lados, como quien se dispone a
cruzar la calle, soltando una risita de colegiala japonesa, la cual hizo eco
por el pasillo, seis puertas se abrieron y me callaron, me hubiera dado mucha
vergüenza, pero el nerviosismo se había ido, ahora me encontraba muy emocionado
y feliz, aquel hermoso pasillo, similar al del hotel en “El resplandor”, con un
hermoso patrón pentagonal, era inmensamente simétrico y eso me hacía a mi
inmensamente feliz.
Como había mencionado,
enfrente estaba la oficina del doctor Max, en 20 minutos tenía una reunión con
él, así me lo había hecho saber Isobel, la hermosa y sexy (esto queda entre
nosotros, Cynthya con “th” y dos “y” no
tiene por qué enterarse) secretaria del doctor Max, la oficina de Isobel era
una de las contiguas a mi jefe, la mujer caminaba con paso firme por todo el
pasillo cargando una laptop como si fuera un folder; era una visión, su rubio
cabello recogido con un par de palitos rojos, sus lentes de marco grueso, su
piel de alabastro, su impecable falda negra, que era corta, pero no muy corta,
su impecable blusa blanca, que era transparente pero no muy transparente y sus
labios rojos, que eran rojos pero si muy seductores…
La otra oficina al
lado del jefe albergaba a Crisóforo Godínez, un hombre de 75 años, empleado
modelo y sueño de jubilación para el departamento de recursos humanos. Al ser
mi primer día llegué muy temprano, topándome con el señor Godínez, quien vestía
un traje de tweed gris rata con una corbata de moño roja, el hombre me observó
con gravedad y de la misma forma, recitó:
- Usted señor, pensé,
es un ejemplo de pulcritud, lo sé por el lustre de su calzado y la angulación
del partido en su cabello, pero le daré un consejo: Llegar tan temprano es
muestra de una desesperación angustiosa, le resta carácter mi buen señor.
Dio media vuelta y
camino rumbo a la recepción.
- Es que no le gusta
que nadie llegue antes que él – dijo Francia Milagrosa, la mujer que ocupaba la
puerta frente al señor Godínez y aquella a la izquierda de mi oficina – No, no,
no – terminó por decir Francia Milagrosa, quien cerraba todas sus oraciones de
esa forma, además de un ademan en el que movía su mano derecha como si le
estuviera dando una palmadita en la cabeza a un niño invisible. La señora
Milagrosa, tomaba una infusión de pasiflora en una tacita de porcelana rosa
pastel, que hacia juego con su vestido rosa, similar al que usó Jackie Kennedy
cuando asesinaron a su marido.
- ¿Qué feo fue eso
verdad hijo? No, no, no – preguntó preocupada.
- ¿Lo de Kennedy?
- ¿Qué? No, no, no, lo
del señor Godínez, pero no lo tomes a mal cielo, es un viejo gruñón, pero no es
mal intencionado y no se mete en la vida de los demás, y eso una siempre lo
agradece, que no estén inmiscuyéndose en lo que no les importa, ya el señor
Godínez está solo, su esposa murió la primavera pasada, enfisema dicen, es que
el señor Godínez fuma mucho, mira mira, sale humo de su puerta – dijo Francia
Milagrosa mientras señalaba la oficina de Crisóforo Godínez - ¿Tú fumas cielo? que
hábito tan feo, no, no, no.
Francia Milagrosa se
me quedó viendo con sus inmensos ojos azules, estaba a punto de responder
cuando un joven en un traje de terciopelo rojo y guantes negros de piel
interrumpió:
- Madre lo estás
haciendo otra vez.
- ¿Qué cariño? No, no,
no, siempre queriendo contrariar a tu joven madre, no, no, no.
- Tendrá que
disculparla, Madre no es mal intencionada…
- ¿Y eso uno siempre
lo agradece? – Interrumpí al hombre de rojo, compartimos una risa mientras
Francia Milagrosa entró a su despacho al sentirse ignorada.
- Si bueno, algo tenía
que heredarle, porque la porcelana china se la va a llevar a la tumba. Perdón,
no me he presentado – el joven se quitó el guante de la mano derecha y anunció
– Europa Milagrosa.
- Mucho gusto señor
Milagrosa – respondí con un intento abismal por contener mi risa.
- Madre dijo que se
iba a suicidar si proseguía con mi plan de cambiarme el nombre, así que ya me
acostumbré, pero por favor llámeme Europa únicamente.
No pude decir mi
nombre cuando Europa me interrumpió por la tardanza de la hora y lo acumulado
de su trabajo, entró a su oficina, la cual resultó ser la que estaba al lado
derecho de la mía y frente a la de Isobel, la secretaria de labios rojos,
Europa tiene el hábito de interrumpir a las personas, pero es un buen muchacho,
me escribió Francia Milagrosa en una hojita rosa pastel que arrojó bajo mi
puerta, no, no, no, terminé pensando.
Aquel grupo de
compañeros de trabajo era peculiar, sin embargo, apreciaba sus personalidades
honestas y su pulcro vestir. El reloj anunció la hora de mi cita con el doctor
Max, necesitaba ver como lucía, pero no tenía un espejo y era tarde para ir al
baño, me tomé una foto con mi celular y afirmé con decisión: impecable.
Dos veces toque a la
oficina del doctor, una indica inseguridad y tres, insistencia. Fue Isobel quien
abrió.
- Pasé – susurró con
reprimida sensualidad.
Aquel lugar era más
hermoso de lo que hubiera pensado, no podía ver el color de las paredes, porque
estaba tapizado de libros, todos ordenados alfabéticamente, había dos arbolitos
que custodiaban el escritorio del doctor Max y detrás un ventanal por el que se
podía ver el resto de edificios adyacentes, los cuales tenían el mismo número
de pisos que el cual en el que nos situamos, generando una armonía que
encontraba confortante.
El doctor Max se
levantó, estiró su mano y me dio un apretón, en el que interpreté sus
capacidades de liderazgo, no era muy suave, ni muy fuerte, ni muy corto, ni
prolongado, simplemente preciso; su vestir tenía esa misma línea de precisión,
no había una sola arruga en su traje azul marino, nada más que un corte que
ofrecía a un hombre de presencia y autoridad.
El doctor abrió su
boca para que pudiera escuchar las primeras palabras dirigidas a mi persona:
- Buenos días –
expresó con una voz más que adecuada, ni muy jovial, ni apesadumbrada, era
señorial, exquisita, digna. Y su sonrisa, aperlada, alineada y asombrosa, con
una mancha, una mancha…
Una mancha roja, muy
roja, un rojo que sólo puedo describir como seductor, como el lápiz labial de
Isobel, una mancha de lápiz labial en la perfecta sonrisa del doctor Max, el cual
junto con Isobel, esperaban a que respondiera a su saludo, lo cual hice a la
brevedad:
- Renuncio.
FINE.
domingo, 2 de marzo de 2014
Nuevo.
Nueva inspiración, que suspiro tan nostálgico...
Nuevo
Alguna vez te soñé muerto,
Te soñé vivo,
En el mar
Y en la sombra junto a mí.
Alguna vez te dibujé con gis,
Con acuarelas,
Tinta china,
Te dibujé con un dedo por tu espalda
Y en el piso bajo un árbol.
Te imaginé muy alto,
Encorvado,
Con dedos largos,
Cabello negro
Y en la noche,
Estrellado.
Alguna vez te pensé,
Así,
Nada más.
Alguna vez te seguí,
Con la mirada,
Con mis pasos,
Muy de cerca
Y con temor.
En un instante,
En muchos instantes,
Miles de instantes,
Te soñé,
Te dibujé,
Te imaginé,
Te pensé,
Te seguí,
Usando un sinfín de adjetivos,
Ejecutando un sinfín de acciones.
Alguna vez Amor,
Te soñé vivo,
Pero nunca,
Nuevo.
___________________
Ya no le escribo poemas a las sombras,
Ni a los vestigios del pasado.
Sólo a los amores prohibidos
Y a las malas ideas,
A los errores del presente
Y a mi corazón en desuso.
Ya no le escribo poemas
A las sonrisas rotas,
Ni a los recuerdos arrumbados.
Sólo a la esperanza futura,
A la añoranza de un abrazo,
A los ojos de un desconocido
Que mi mente ha olvidado
Y mi corazón ha estado esperando.
FINE.
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