Comentarios, dudas y sugerencias siempre bienvenidas, aunque no se les de eso de la retroalimentación, de todas formas lo pido y agradezco...
- El guardián
La figura no se
movía, pero tampoco estaba seguro si Yo podía, o debía hacerlo.
- Lo mejor del visionario es que es una visita breve. No
te preocupes por este – dijo señalando la armadura.
Me moví para un costado para poder ver mejor al viejo y
noté que desde una de las enormes ventanas, había una cara igualmente
imponente, como un toro, con armadura, idéntica a la del ser frente a mí.
- Ese tampoco te hará daño. Eres muy incongruente y
voluble. Te espantas pero luego quieres saber de ellas. Las ves y brincas y
luego te quedas embelesado. Tu amnesia debe de estar cediendo.
- Yo nunca le dije que no recordara como llegue aquí.
- Bien detective, resuelva primero la existencia de estos
seres y después del por qué se dé su falta de recuerdos.
- No podría,
¿Qué tanto pudo haber pedido para tener estas cosas a su lado? – Los seres
gruñeron y se retorcieron a su autónoma forma, excepto el que tenía frente a
mí, que permanecía inmutable.
- Nací un
jueves 13, número maldito, bajo la mirada honesta del diablo y los ojos
lujuriosos de dios, me querían para sí, para sus beneficios y maleficios, para
consumar lo que ellos tienen prohibido pensar.
El visionario
me ha mostrado el rostro de mi madre, acostada en un piso de mármol, en una
hermosa cocina blanca, angustiada, pidiendo perdón por todo lo que ha hecho,
grita por ayuda, andrajosa, pero con la piel lozana por el sudor que le ha
limpiado la tierra, sus ojos arden y suplican.
- Patrón,
patrona, no fue mi intención. Niños ¡Vuelvan! – Pero nadie habitaba esa casa –
Fue el diablo quien los llamó, fue su fuerza obscura, hechicería podrida –
gritaba incesantemente, en medio de un charco amarillo – una vez más lucifer,
una última vez, salva a este niño, guarda su vida, guárdalo de todo mal,
llévame a tus infiernos y transforma mis suplicas terrenales, en un alivio
preternatural. Cuídate pequeño, tú si sabrás que hacer – como si hubiera estado
ahí, vi como su respiración se detuvo y una figura blanca apareció, su piel
viscosa, casi traslucida, ojos rojos, penetrantes; rasgó el vientre de mi madre
y me sacó de aquel cuerpo inerte, me tomó de las piernas y se dirigió a la
recamara, ahí me recostó y sentado a mi lado, El guardián no se ha apartado de
mi lado nunca.
- No puede
mostrarte la masa de ojos un recuerdo más bonito de tu madre – le pregunté al
anciano, mientras tomaba una copa con un líquido burbujeante y la tragaba
placenteramente.
- Este fue el
único momento en su vida donde pudo hacer lo que quería con éxito.
Nos quedamos
callados un momento, sólo se escuchaban los retortijones de los monstruos y sus
respiraciones.
- ¿Y cuál es
la condición del Guardián?
- Cada ayuda
que proporcionaba lo hacía perder una parte de si, mis primeros recuerdos de él
son como una carcasa vacía, y en los de mi madre tenía músculos, huesos,
órganos, ha hecho más por mí que cualquier ser humano.
El viejo se
quedó pensativo un rato y prosiguió:
- Nadie llego
a la casa, crecí y quité los retratos sin vida de la gente que vivía ahí, escrudiñé
cada rincón de aquella mansión, encontré dinero, joyas, valiosas piezas que en
las manos correctas resultaron de gran utilidad. Había tanta ropa que no
necesitaba lavarla, sólo me la quitaba y la arrojaba en una recamara diferente.
Salía al mercado con unos cuantos billetes en mano, ordenaba los víveres
necesarios y me los llevaban a domicilio sin hacer preguntas.
Nunca he
podido descifrar si lo que El Guardián pierde es a nivel celular u orgánico,
pero siempre he pensado que ha sido muy poco para lo que ese ser hizo por mi Yo
infante. Los meses y años pasaban y sentados en aquella mansión rodeados de oro
y sangre, quedamos El Guardián y Yo.
FINE...
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